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Nueva Caledonia
No hay mejor lugar para experimentar el Pacífico, con un toque de sabor francés, que Nueva Caledonia, donde la tradición indígena se mezcla con la sofisticación francesa.
Kanaky, como los indígenas llaman a los habitantes de la Melanesia, es única. En Numea, la capital, los restaurantes gourmet, las modernas boutiques y las cosmopolitas multitudes proclaman que esta es la “París del Pacífico”.
A pesar de que este importante archipiélago del Pacífico Sur ha sido parte de Francia durante casi 150 años, su influencia se desvanece una vez fuera de la capital en los exuberantes valles y ríos, montañas escarpadas, selvas tropicales y frías costas salvajes.
Esta enigmática colonia francesa, justo al norte del Trópico de Capricornio, a medio camino entre Fiji y Australia, es muy diferente de cualquiera de sus vecinos y te sorprenderá en todos los aspectos.
Para alojarnos elegimos el Le Meridien Noumea, un atractivo hotel en la capital. Si bien la habitación y los servicios son agradables, la atención deja bastante que desear, y no solo aquí, sino en casi toda la isla.
Nueva Caledonia se compone de una isla principal con forma de cigarro llamada Grand Terre, y varias otras islas como la Isla de Pinos, las Islas Lealtad, las pequeñas Islas Bélep y varios arrecifes.
Los locales se refieren a Grand Terre como "La Roche" (La Roca). El interior está formado por escarpadas montañas, mientras la verde costa noreste es quebrada y estrecha, recortada por ríos y sinuosos picos que caen directamente a la laguna.
Sus mayores atractivos son, sin duda, el glamour de Noumea, la pintoresca costa noreste de Grand Terre, y las blancas y prístinas playas de las islas vecinas.
Noumea tiene todo lo que un francófilo podría desear: una mezcla de elegancia informal muy francesa, baguettes frescos, abundante vino Burdeos, boutiques de moda, gendarmes metropolitanos y, en ocasiones, un servicio algo rudo, todo en un hermoso entorno tropical.
Además descubrirás allí excelentes museos, restaurantes y zonas comerciales, desde las coloridas tiendas de Chinatown a las costosamente elegantes - y con aire acondicionado - boutiques en la rue Sébastopol.
Aunque muchos turistas visitan Noumea, sorprendentemente pocos cruzan la Chaîne Central de la Grand Terre hacia la exótica costa este, o hacen un viaje por vía marítima o aérea a las cercanas islas de encanto.
Sin embargo, esto es algo que realmente debes hacer si quieres conocer la verdadera Nueva Caledonia. Las posibilidades son ilimitadas, y es mucho más fácil moverse por las zonas rurales de aquí que en las de Vanuatu o las Islas Salomón.
Para experimentar la vida tradicional de las islas cruzamos la división geográfica y cultural hasta alcanzar la Brousse, el término local para designar el interior.
Allí descubrimos las aldeas del clan canaco, indígenas que habitan la costa norte de Grand Terre y las islas más pequeñas: la verde Isla de Pinos, las idílicas Islas Lealtad y las pequeñas Islas Bélep.
Al salir de la capital hacia el mar, encontrarás una amplia gama de deportes acuáticos para realizar, especialmente el buceo, debido a que esta isla posee el segundo mayor arrecife coralino del mundo, y las aguas azul claro permiten apreciar intensamente la colorida vida marina.
Nueva Caledonia se encuentra rodeada por la laguna cerrada más grande del mundo, donde descubrirás tesoros marinos como cañones y cuevas, exquisitos corales, pequeños peces tropicales, tortugas, serpientes marinas y hasta tiburones. Y cuando te canses, disfruta del lujo de la relajación total en la suave y cálida arena de una isla desierta.
Al volver a tierra, el senderismo, la espeleología y la observación de fauna y flora se pueden disfrutar, especialmente en Grand Terre, mientras que recorrer la isla montado a caballo es la actividad recreativa favorita, tanto de los locales como de los turistas.
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